El Pilobolus, un hongo que crece en el estiércol, es tan rápido que si un ser humano fuera sometido a una fracción de su capacidad de aceleración quedaría destrozado
¿Un pájaro? ¿Un insecto? ¿Usain Bolt? Nada de eso. El ser vivo más rápido del mundo puede dejar en un pozo de vergüenza incluso a los artificios humanos más complejos. Es tan rápido que si fuéramos sometidos a una fracción de su capacidad de aceleración seríamos mucho menos que papilla. Imaginamos que ya deben estar pensando algunas posibilidades, pero la respuesta se encuentra en un lugar increíble, y dicho sea de paso, particularmente asqueroso.
Una de las maravillas de internet es que se ha convertido en la fuente de información ideal para responder a aquellas preguntas algo complejas que suelen hacer los niños. Imaginemos por ejemplo una pregunta como “¿qué es lo que corre más rápido?” Esa es relativamente fácil, ya que se trata del guepardo. Pero los más bajos de la casa no suelen conformarse con eso, y eventualmente llega el “¿hay algo más rápido?”. Uno puede hacer referencia a un halcón, que puede quebrar la barrera de los trescientos kilómetros por hora, con la obvia diferencia de que vuela y no corre.
Pero hay algo más rápido aún. No corre, ni tampoco vuela, sino lo que hace es expulsar. Ahora, no faltará quien puntualice el hecho de que aceleración y velocidad no son lo mismo, sin embargo, la habilidad de esta minúscula criatura es sorprendente. A simple vista no se puede decir mucho sobre el Pilobolus, más allá de ser un género de hongos que crece en el estiércol. La espora del Pilobolus es consumida por los herbívoros directamente sobre el césped, sobrevive a todo el proceso de digestión, y germina una vez que el excremento es evacuado.




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