Hay veces que la publicidad funciona. Y cuando lo hace, cuando su mensaje llena todos nuestros poros, entonces nos condiciona la mente, nos condiciona la voluntad, nos condiciona el razonamiento… ¡Dios santo! ¡Nos condiciona hasta los sentidos y transforma nuestra realidad.
¡Qué poder más tremendo el de la publicidad bien hecha!
He aquí uno de los cortes de “Los Simpsons” que más gracia me han hecho, de los que dejan el ojete partío. A disfrutarlo.
Etiquetas: Homer, Publicidad, Simpsons


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